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      El instinto humano ha dado mucho de sí a lo largo de los siglos conocidos por el hombre. Numerosos estudios psicológicos o de otra índole lo han utilizado como explicación a numerosos sucesos que ocurrían sin explicación, precisamente. El por qué del comportamiento humano en distintas circunstancias puede abrir otro capítulo centrándonos en teorias como las de W. McDougall. Si nos referimos a su significado, el instinto es una disposición psicofísica, innata o heredada que obliga al individuo a tomar una dirección en cuanto a determinadas situaciones u objetos, y expresando una realidad emocional que lo sobrecoge.

En la conducta humana conviven un gran número de patrones instintivos, pero por su capacidad de racionalización, gran parte de la vida instintiva del ser humano ha sufrido un proceso de complejidad, mezclándose con conductas voluntarias. Esto básicamente sucede porque la mayoría de nuestros instintos en la vida socializada, son filtrados por la razón, siendo capaz así de controlarlos, modificarlos o anularlos. Cuando la razón pierde eficacia el instinto gana terreno entre el barullo de nuestra inconsciencia o consciencia vital.

Que no decir, que nuestros instintos más básicos (nutrición, sexual/amor, de cobijo, de lucha) deben ser cubiertos para no perder la razón. Estos instintos más básicos se estructuran en los primeros años de una vida humana, pero una vez que la persona crece, y se determinan ciertos aspectos de su personalidad es porque los instintos han ido creciendo con él.  Estamos acostumbrados a asociar el instinto con algo que nos protege y nos evita caer en ciertos errores, sin embargo a veces sucumbimos ante estímulos que nos nublan la razón y por tanto podríamos pensar que la razón es un instinto básico. Nada más lejos de la realidad. Los instintos se vuelven más complejos a la vez que la mente humana, de ahí la motivación ante el estudio de este mecanismo de defensa. Pero porqué hay veces que no seguimos a nuestros instintos?

Según W. McDougall, existen instintos como el de fuga, el de combate, el de repulsión, el de la curiosidad, el de admiración, el de adquisición, entre otros, y todos ellos pueden hacernos elegir un producto u otro, pueden hacernos sentir miedo hasta el punto de crear nuevas necesidades de autoalmacenaje, o pueden hacernos vulnerables ante ciertos estímulos, dentro de la comunicación publicitaria. Entonces el hombre sigue sus instintos, sigue la razón o sigue una influencia?

El amor que se supone que es un instinto básico es también un sentimiento, que afecta a nuestra conducta, y que nos condiciona y nos puede nublar la razón. Al respecto escribe McDougall: “La emoción es una experiencia fugaz; el sentimiento es una disposición adquirida, construida gradualmente a través de muchas experiencias y actividades emocionales”. Entonces la motivación de compra puede ser una emoción, derivada de un instinto, complementaria con la razón, pero sí vulnerable y condicionada por la influencia.

De ahí su estudio de la percepción, de la motivación, de las necesidades humanas dentro de la comunicación publicitaria. Si ésta con sus estímulos es capaz de crear una motivación, que está derivada de un instinto, convirtiéndolo en una conducta voluntaria, sin filtro de la razón; hasta que punto el humano sigue su instinto, o es dueño de sus actos?

Probablemente pensaréis que no tiene sentido, no es importante actualmente seguir un instinto individualista, pero cuando dejamos de ser individuos que toman decisiones aisladas a sociedad que toma decisiones en común? y viceversa.

 

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