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         «A Roberta en los últimos meses se le habían planteado una serie de retos, que en muchos casos desbordaban sus instintos más básicos y desafiaban como hacían los pequeños monstruos que habitaban su conciencia, sus más apagados deseos.

Con su antigua medicación había estado como adormilada mientras que el resto del mundo giraba a su alrededor. A veces pasaban los días y ella sólo se acordaba de haberse puesto unos calcetines y de haber salido a la calle. El resto estaba borroso, como si sus gafas de visión real hubieran sido maltrechas por el más cruel rallador de cristales.

Aquel día un nuevo reto se detendría ante ella con el fin de complicarle un poco más su día a día.

-Marciana, hola buenos dias le llamaba para…

-Ah si, dígame.

-¿Cuando le viene bien que nos pasemos por su casa?

Al colgar el teléfono se dió cuenta de que ya no había marcha atrás, tenía que enfrentarse a sus mayores miedos sin perder la cordura ni la integridad. Asi que se puso su mejor vestido y salió dispuesta a comerse el mundo.

-De verdad que es necesario.- Se autoconvencía a sí misma.

En esos meses había aprendido a llegar a los lugares más recóndidos sólo con unas pequeñas anotaciones apuntadas en un pequeño papel. Para ella ya nada estaba muy lejos y era imposible de encontrar, sin embargo ese día decidió pedir refuerzos ya que su tarea podría ser más peligrosa de lo que se podría esperar.

Al llegar al destino, su compañera y ella bajaron del vehículo con sus mejores galas, bien peinadas y acicaladas. Se dirigían hacía la casa sin pensar en nada más, pero al llegar su caras cambiaron.

-Roberta qué es ésto?-Desde el final de la calle con nombre de apostol, se percibía un enorme hedor.

Al llamar al timbre sus manos temblaban, no sabría si podría controlarse…pero se atrevió al instante que empezó a arrepentirse.

-Hola queridas, os estaba esperando- Para ella una risa diabólica sonó en sus oidos pero no estaba segura de haberla escuchado realmente.

Tras la puerta apareció una bruja que desprendía un tufo amarillo que las mareó, y abrumadas y casi sin darse cuenta la bruja las atrajo hacia el interior. En ese momento Roberta entró en un estado de schok que bien podría ser debido por la explosión de su pituitaria que preferia desaparacer antes de seguir percibiendo un olor tan horrible.

-¿Cómo era posible que allí oliera tan mal? y en el momento en que su mente lanzó esa pregunta al denso aire, aparecieron 5 perros de distintos tamaños y razas que comenzaron a saltar y lamer sus piernas. La tarea se complicaba por momentos, pero ella como buena guerrera no se rindió tan fácilmente, con dos golpes de piernas se quitó de encima a los perros cuando la bruja estaba distraida y con el suficiente disimulo solpló y sopló hasta casi deshacerse del todo de la gran maraña de pelos de gato que invadían la estancia. Quiso morir cuando vio que, mientras tanto su compañera hacía amagos de vomitar delante de ella pero por suerte supo retenerse.

El ambiente era lúgubre y sombrío, ni siquiera los pequeños humanos que rodeaban a aquella bruja hacían por hablar, ella dedujo que el intenso aroma los mantenían paralizados. Roberta fue entonces consciente de que su misión no podría durar demasiado, ella no quería convertirse en un títere de aquella casa, por muy grande que esta fuera. Se adentró un poco más, acertó a sentarse en el sitio más limpio que pudo encontrar y mandó mensajes a su cerebro de que aguantara un poco más la agonía.

En poco minutos la venta había acabado y al salir de nuevo al exterior notó la luz más fuerte, el aire más puro y la belleza más evidente, no sabría que pasaría a partir de entonces pero si había conseguido sobrevivir a aquello ya podría con todo, porque rendirse a la primera es muy fácil pero luchar por lo que uno quiere puede ser toda una satisfacción.»

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