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    «Después de tantas idas y venidas a las oficinas del INEM, Roberta creyó ver la luz al final del túnel cuando le ofrecieron un posible trabajo con proyección de futuro de más de un mes. Con sus anteriores trabajos había entrado en la rutina, que para ella se había convetido en ocasiones satisfactoria, de trabajar un mes y descansar tres, sin embargo a la larga ésto no era nada rentable.

Sus últimos meses habían sido realmente estresantes y de hecho su enfermedad se había agravado a causa de ello. Pero ahora empezaba una nueva etapa, o eso pensaba ella, en la que sus responsabilidades crecían y quizás también su bolsillo. Sin embargo, con esta nueva oportunidad también aparecían nuevos retos y nuevos conflictos que no la dejarían relajarse demasiado.

-Hola Roberta, bienvenida, espero que estés agusto aquí, aunque hay varias personas a las que no tienes que hacerles mucho caso en la oficina, es más, yo te diría que desconfiaras de ellas…-Las primeras palabras de su jefa dejaron a Roberta sin palabras.

-¿Qué quiere decir?

-Bueno no quiero asustarte, pero las características de este trabajo lo hacen especialmente conflictivo.

Roberta la miró con cara incrédula, no sabía que el trabajo que había aceptado, a simple vista lo más normal del mundo, pudiera entrever un peligro inminente.

-Es decir, en muchas ocasiones intentarán provocarte, hacerte el vacío o ponerte trabas en el camino. Quizás te resulte difícil, pero son pruebas necesarias que todos los que quieran ascender deben de superar.

-Bueno, espero estar a la altura de las circunstancias.

-Sí, yo confío que sí, pero te recomiendo que estés alerta de todo lo que pasa a tu alrededor, en cualquier momento puedes sentirte atacada…

Roberta no podía dejar de poner cara de tonta, por un momento pensó que había hecho muy mal al aceptar aquel, ahora misterioso, trabajo, pero ya se sentía con la obligación de seguir hacia adelante. Pero al día siguiente su paranoia había crecido de tal forma que miraba desconfiada a todo el mundo. Entrecerraba los ojos e intentaba psicoanalizar a todo aquel que se acercaba a ella o que se encontraba dentro de su entorno visual. Cuando oía un ruido, daba un respingo y sus sentidos se ponían en alerta, así una y otra vez.

Después de una semana de trabajo, su índice de estrés había alcanzado límites insospechados y su enfermedad era ahora casi incontrolable. Ya no veía a compañeros, sino contrincantes que dentro de su videojuego mental, tendría que combatir. Los miraba y aparecían encima de sus cabezas sus puntos, su barra de vida y en ocasiones los ataques que ya habían utilizado contra ella.

      Entonces aquel día cuando al entrar en la oficina nadie le saludó, pidió la grapadora y se la escondieron y por último le quitaron un cliente en sus narices, Roberta no aguantó más.

Cerró los ojos y de repente lanzó una patada voladora de Mortal Kombat hacía la administrativa, que quedó KAO en el acto, luego desplegó su puñetazo repetitivo hacía uno de sus superiores, pero este quedó mal herido asi que lo remató con un puntapié meteoro, y de nuevo KAO…así siguió hasta que consiguió que en su mente se repitiera la palabra KAO a cada segundo.

Cuando abrió los ojos, esperaba ver a todos sus enemigos esparcidos por el suelo, pisoteados por su poder y algunos incluso rogándole que les dejara vivir, pero nada más lejos de la realidad. Cuando abrió los ojos sólo vió el cuarto de baño destrozado, la papelera esturreada, el papel higiénico todo esparcido por el suelo, el grifo roto soltando agua y los armarios desmantelados.

-Oh qué ha pasado aqui!!

     En ese momento Roberta avergonzada, se puso a recogerlo todo con la esperanza de que al salir del baño nadie le pidiera explicaciones. Pero había aprendido la lección, no podía desconfiar de todo el mundo, ni podía tomarse las cosas tan a pecho, debía aprender a jugar a su juego y así llevar las riendas, o sino nunca sería capaz de mantener ningún trabajo.»

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