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«Roberta abrió de nuevo esa mañana su portal de empleo preferido, preferido porque parecía más profesional, serio y con más afluencia de empresas. Señaló primero la provincia y le echó un ojo o dos a las primeras ofertas. Parecía que no había nada nuevo, nada que le llamara con rótulos fluorescentes y que le atrayera de tal modo que su mano sin pensarlo hiciera clik, clik, clik, ya te has inscrito en la oferta.

-Jo, qué aburrimiento!-Pensó.

Sí, estaba inscrita en no menos de 20 ofertas de trabajo, y en los días que la desesperación se apoderaba de ella sin remedio, se apuntaba a cualquier cosa desde Granada hasta el extranjero. Pero nada, sus esfuerzos no obtenían resultados. Se sentía engañada.

-Mucho ruido y pocas nueces!!-Gritó.

Sí, estaba preseleccionada en varias ofertas, sus Cvs habían sido leídos unas 65 veces por distintas empresas, algunas ni se acordaba de haber mostrado interés por ellas, pero nada!

Asi que ese día, cuando todo parecía como el anterior y el anterior y el día más feo de la semana pasada, no pudo evitar que su enfermedad hiciera de nuevo su aparición.

El aburrimiento se apoderaba de ella, y no porque no tuviera nada que hacer, ella siempre se había preocupado por tener millones de hobbies que la satisfacieran en momentos como ese, de incertidumbre incontenida y temor hacia lo desconocido de su futuro. Pero ese día, nada le llenaba, sentía un vacio que la axfisiaba, un dolor de conciencia que no la dejaba pensar y de nuevo prefirió dejarse llevar.

De repente quiso que su vida fuera más interesante para no tener que dedicarle todos los días una hora a buscar empleo, a buscar información relevante, y explicar el por qué de sus últimas decisiones. Sin duda ese día sería diferente…

Se tumbó en su sillón, apoyó sus brazos, y cayó en una somnolencia imaginativa. Días antes había visto una película que la cautivó y sin duda quiso convertirse en el protagonista, sin embargo el problema de su enfermedad es que precisamente era incontrolable, de modo que sus ideas se entremezclaron, se aturullaron en su mente y acabaron por combinarse con el último documental que había visto, y el rencor hacia aquellos que no querían darle ninguna oportunidad laboral.

De modo que empezó a agitar los brazos con fuerza, arriba y abajo, como queriendo volar, hasta que empezó a levitar y voló convertida en un muerciélago-vampiro atravesando la ventana hacia el horizonte oscurecido. Buscaba saciar su sed de sangre de todos los desagradecidos que se encontrara por su camino. Más adelante, cuando su sed se hubiera calmado, quizás se convirtiera en un muerciélago frugívora con una pequeña utilidad dentro de la ecología terrestre.

Sí, sin duda, así sería realmente algo apreciable por el mundo y temido por el aburrimiento, a pesar de que su cuerpo todavía seguía tumbado en su sillón, y sin intención de levantarse.»

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