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     Ayer acudí a una de esas entrevistas en las que normalmente tú no tienes que convencer al empresario sino al contrario. Parecía una reunión de trabajo con 50 personas, pero más bien era como una cola del Inem en estos tiempos. Al llegar ya me olía lo que iba a suceder, aún así decidí quedarme para mi malvado y secreto plan de I+D para este blog, jeje.

Personas de distintas edades, formaciones y profesiones se apiñaban indecisos y esperanzados en los pasillos de un hotel céntrico de Granada.

En un pequeño grupo, se daban algunas opiniones para mermar los nervios:

-Yo tengo mis dudas, pero he venido aquí por probar.

-Sí a mi me pasa lo mismo, pero la oferta no pintaba mal.

-Pues yo creo que nos vamos a llevar una desilusión.

Los minutos pasaban y no paraban de llegar más personas con igual cara de asombro. La expectación se avivó cuando, de la sala de reuniones empezaron a salir algunos sujetos dispuestos a irse, parecía que mis sospechas eran ciertas.

Ahora era nuestro turno, y poco a poco nos adentramos en la boca del lobo, por supuesto un lobo disfrazado de cordero. La sala era amplia pero con escasez de sillas, sin querer se me escapó:

-Ya podrían haber puesto sillas para todos!.-Mi indignación crecía sin sostén, aunque mi sugerencia fue escuchada.

El hombre multipuesto (conferenciante, abogado, gerente, comercial y no se que más), comenzó con una pasividad apabullante a repartir carpetas informativas de su empresa, que poco me interesaban a mi antes de conocer las características del puesto. En teoría todos íbamos a 20 minutos de información sobre el puesto de gestor de formación de cursos bonificados (a todo trabajador activo se le retiene un pequeño porcentaje para formación), gratamente descrito en la oferta de trabajo. Sin embargo la reunión/entrevista comenzó con una hora de “qué buenos somos y qué bien vestidos vamos”, seguido de algunos comentarios macabros sobre lo llena que estaba la sala, “parece que es verdad que hay paro”, y posteriormente como escalafón final, algunas sugerencias de cómo aprovecharse de los recovecos legales, cómo aprovecharse de la S.S. y de cómo ser autónomo sin serlo.

Hubo un momento en el que mi mente se despistó y creyó estar en una clase de fraude fiscal. Se escuchaban términos como “te pagaremos en B” ¿? Ignorante de mi, tuve que preguntar porque era B y no N (ya sabéis yo siempre pienso primero en español) seguido de frases como “la nómina será un ingreso ordinario de menos de 3000 €, en el caso de que se consiga llegar a superar esa catidad” (esbocé una sonrisita incrédula)-Bueno dentro de poco será de 2500€, medida que quiere imponer Rajoi.

Cuando ya llevaba casi hora y media escuchando preguntas insignificantes sobre cómo vender un curso, en teoría homologado por la UE pero que no sirve para sumar puntos en oposiciones, cuyo diploma va dentro del material del curso que pocos acaban, y que encima tenga que escuchar que “en España por desgracia las cosas se hacen así” y “antes vivíamos en la sopa boba, ahora hay que trabajar 10 horas para vender un curso”, (yo pensando: Jo yo creo que nunca he vivido en la sopa boba, no se ni lo que es la sopa boba y ya ves tengo que aguantar ésto) y que debemos convencer al empresario y al trabajador (no autónomo) de que es muy bueno para su formación…ya sí que sí pensé, creo que me equivocado de plano astral, o de reencarnación o de zapatos, y cogí y me fuí.

Quizás sea yo el problema y no el mundo laboral, porque soy yo la que no quiere defraudar a Hacienda, no quiero patearme 10 horas las calles y mentir sobre lo buenos y útiles que son estos cursos, ni engatusar o pringar a ningún conocido con este tema. Otros sin embargo, más seguros de sí mismos y del sistema, optaron por quedarse con la intención de hacer 2 o 3 cursos a sus amigos y luego olvidarse de esta experiencia.

No se, es que en el panorama actual ¿Se deben de olvidar nuestros principios?

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