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«Roberta cerró su libro de Inglés, ya estaba cansada de tanto What´s your name? My name is Roberta… I don´t like speak English!

Era lo único que atinaba a decir, quedaba una hora para verse con su compañera de idioma pero ya no sabía si ir. La cabeza le daba vueltas, llena de palabras en Inglés, de extraños símbolos fonéticos, de letras inconexas y sin saber como decir MALDICIÓN!

Pero claro ya no podía echarse atrás, ya había tomado la decisión de aprender un idioma extranjero fuera como fuera!

-Jo estoy atrapada, no puedo huir ni esconderme de este idioma, a estas alturas todos lo hablan o lo quieren hablar.

Después de meditarlo mucho decidió que era el momento de enfrentarse a eso, tenía que ser valiente y luchar contra su adversidad verbal. Por suerte había inventado una nueva forma de aprender el idioma, cada palabra inglesa que aprendía la asociaba con una frase, así no olvidaría su significado. De modo que ese día cuando descubrió la palabra acknowledgement (reconocimiento, confesión…) tan difícil de aprender y pronunciar, pensó que sería mejor utilizar una frase muy divertida… Tendría que ser muy suspicaz para inventarse algo de ese calibre.

-El acknowledgement al mejor repartidor…no, creo que eso no pega, mejor la acknowledgement del asesino fantasma…

-Esta palabra es super difícil de utilizar, aknolichmoent.

Roberta la repetía una y otra vez a la vez que la escribía, intentando interpretarla de la manera más eficaz posible. Le dió una y otra y otra vuelta a su cabeza hasta que se convirtieron en algo más que letras en un papel. No tan sorprendentemente para ella, las letras cobraron vida, salieron de su mente vestidas como retorcidas señoras de alta alcurnia que la rodearon entre sus largas uñas y sus grises rizos postizos.

-Querida. Dijo una con voz pedante.

-Querida, tú no puedes pronunciar tan mal esa palabra. Dijo otra.

-Querida, yo soy la “k”, pero soy la “k” más elegante, tú tienes que soltar tu lengua para hablar de mí. -Y la letra se pronunció a ella misma, cuyo sonido retumbó en sus oidos.

Roberta hipnotizada por el canto de las letras que formaron una canción, comenzó a bailar entre ellas, mientras seguía su ritmo. Su cuaderno y su lapiz cayeron de la mesa y ella los recogió y salió al encuentro de su compañera.

Por la calle seguía bailando siguiendo el ritmo de sus nuevas amigas. La gente la miraba y sólo veía a una joven muchacha con la mirada perdida y una gran sonrisa en la cara, tarareando una intraducible melodía. Por un momento pensaban que la loca de su vecina estaba abducida y se apartaban de ella a su paso, temerosos de su reacción. Pero Roberta seguía su camino feliz de haber conseguido aprender una nueva palabra, que para ella antes era impronunciable.»

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